Para este apartado hemos dejado enfermedades como la invaginación de los parpados o entropión, que produce una irritación y supuración de los lagrimales y puede provocar la ceguera; las inflamaciones supuradas de la piel, la ingestión de pelo y lana producto de la caída abundante del pelo, y el estrés.

Algunas de estas no son enfermedades como tal, sino elementos que provocan padecimientos secundarios y dañan la armonía de salud del conejo. Un ejemplo es el estrés, que desequilibra al animal y puede desencadenar otros cuadros clínicos.

Pero aunque parezcan muchas y sus nombres o síntomas asusten, lo más importante es concientizar que el conejo necesita higiene y atención preventiva. Si garantizamos estos dos factores, no tendremos que lamentar males mayores ni ver cómo sufre nuestra mascota.

El conejo demanda atenciones médicas de forma periódica, con carácter preventivo. En ese sentido existen vacunas que impiden que enferme de algunas de estas enfermedades comunes, pero si contrajese alguna, no queda otra que tratarlo. De ahí la importancia de conocerlas y dominar sus principales síntomas para detectarlas a tiempo y en consecuencia, sanar nuestra mascota.

Enfermedades transmitidas por virus

En este grupo tenemos tres enfermedades fundamentales: la hemorrágica del conejo, la rabia y la mixomatosis.

La hemorrágica se da mayormente en animales criados para la ceba o engorde y podemos identificarla a partir de la forma violenta en que se manifiesta, ya que provoca emanación de sangre por las fosas nasales del animal. Esta enfermedad lo hace convulsionar y provoca su muerte de forma rápida.

Por su parte la rabia se contagia por mordeduras de roedores y sus principales síntomas son una abundante salivación y deshidratación. El conejo que la tenga debe ser sacrificado.

La mixomatosis del conejo es adquirida por los vectores de insectos hematófagos, es decir, que se alimentan de la sangre. El primer síntoma de esta enfermedad es la inflamación de la vulva de las hembras y posteriormente la aparición de pústulas en las cercanías de las mucosas.

 

Enfermedades transmitidas por bacterias y hongos

Este grupo reúne el mayor número de enfermedades. En él aparecen la Tularemia, la Pasterelosis, Neumonía, los Tarsos ulcerados, las Enfermedades del oído medio e interno, la Coccidiosis, y la Tiña del conejo.

La tularemia es bacteriana y se relaciona con la acción sobre el conejo de ácaros y pulgas. Desafortunadamente no presenta síntomas visibles y solo es diagnosticable mediante análisis de laboratorio. Como consecuencia de ella los animales dejan de comer y mueren en pocos días.

Bacteriana también es la pasterelosis, cuyo primer síntoma es el estornudo y luego se aprecian ronquidos al respirar y grandes supuraciones de mucosa por la nariz. Su tratamiento es igual al de la neumonía, basado en antibióticos, con la salvedad de que en esta la infección es más severa porque llega al pulmón.

Los tarsos ulcerados son provocados por los pisos de las jaulas, complementados con ambientes húmedos. Las bacterias u hongos que los provocan entran al organismo del conejo a partir del resquebrajamiento en la piel.

Las enfermedades del oído medio e interno son identificables a partir de la rotación de la cabeza y la pérdida del equilibrio del conejo, ya que en ese órgano es donde se encuentra el punto de equilibrio.

Por su parte la coccidiosis es una de las enfermedades que más muertes de conejo provoca. Se produce a partir de la acción de microorganismos (los coccidios) y provoca que el animal tenga gases y diarreas, y muera deshidratado porque deja de alimentarse y beber.

Por último en este grupo tenemos la tiña del conejo, caracterizada por un hongo que afecta también a los humanos. Es reconocible por las peladuras con costras que produce en la piel, sobre todo en la cara del animalito infectado.

 

Enfermedades producidas por ácaros

La sarna y la presencia de piojos y pulgas son las enfermedades que agrupamos en este apartado. Por ser tan conocidas no ahondaremos en ellas, sólo diremos que la sarna del conejo se transmite sólo entre ellos, no de una especia a otra, y que puede combatirse con los tradicionales métodos de lociones especiales que conocemos o con inyecciones de ivermectina, ya sea con carácter preventivo o curativo.

Para los piojos y pulgas, además del frecuente cepillado, afortunadamente también existen en el mercado lociones y productos efectivos que las combaten.

 

Enfermedades hereditarias

Aquí sólo ubicamos la enfermedad que produce el acortamiento de la mandíbula superior o inferior, pues es la más frecuente de las que pudieran agruparse bajo este criterio de la transmisión hereditaria. Se manifiesta también por un excesivo crecimiento de los dientes, que provoca dificultades para la ingesta de alimentos.

 

Enfermedades parasitarias

Las más frecuentes son la infección por coliformes y la diarrea. En la primera el conejo es atacado por coccidios, que provocan infecciones de coliformes con fuertes diarreas y que llegan a provocar la muerte.

Pero el conejo presenta cuadros diarreicos no sólo por esto, sino también por una mala alimentación, indigestión casual, o rechazo a algún alimento en específico. Para eliminar las diarreas, lo más recomendable es alimentar adecuadamente al animal, con una dieta basada en heno.